Los inversores están mejorando sus herramientas para potenciar el análisis del riesgo soberano y del riesgo país. ¿Quién las desarrolla para el ministerio?

7 de octubre de 2026

Los inversores y los agentes del mercado ya están aprovechando las nuevas herramientas de inteligencia artificial y ciencia de datos para evaluar y gestionar mejor el riesgo soberano. Mientras tanto, muchos ministerios de Hacienda y sus responsables de gestión de la deuda, con presupuestos más ajustados y equipos más reducidos, siguen trabajando principalmente con hojas de cálculo. La brecha entre ambos agrava las asimetrías de información y recursos entre inversores y prestatarios. Y se está ampliando en un mal momento. 

La deuda pública está aumentando en casi todas partes, pero la presión de la deuda es mayor allí donde la capacidad para gestionarla es más escasa. Entre 2022 y 2024, los países en desarrollo pagaron 741 000 millones de dólares más en capital e intereses de su deuda externa de lo que recibieron en nueva financiación: la mayor diferencia en al menos 50 años. Los riesgos que un ministerio de Hacienda debe tener en cuenta a la hora de planificar se están multiplicando: crisis climáticas y naturales, fluctuaciones en los precios de las materias primas, una crisis de los fertilizantes, conflictos, subida de los tipos de interés… y estas crisis se producen cada vez más de forma simultánea. El endeudamiento se ha encarecido justo cuando el margen de error se ha reducido y, mientras que las grandes economías cuentan con analistas para estudiar distintos escenarios de deuda, la mayoría de los países de bajos ingresos disponen de equipos reducidos y menor capacidad.

Al mismo tiempo, la rápida evolución tecnológica hace que las herramientas que se han utilizado hasta ahora para evaluar la deuda de un país se hayan quedado muy por detrás del potencial que ofrecen el software moderno y la ciencia de datos a la hora de ampliar el alcance y la profundidad del análisis que puede realizar un equipo.

La tecnología financiera soberana, o SovTech, consiste en la aplicación de la ingeniería de software, la ciencia de datos y la inteligencia artificial al análisis de la deuda soberana y a la gestión de las finanzas públicas. Se trata de una categoría de herramientas creadas para colmar esa brecha: en primer lugar, incorporando las tareas repetitivas en el software; y, en segundo lugar, liberando la capacidad de los economistas y proporcionándoles herramientas mejoradas y validadas que respalden sus análisis, de modo que equipos reducidos puedan examinar más escenarios de deuda.

Estas herramientas se han diseñado para aportar rapidez, alcance y capacidad de respuesta al análisis del riesgo soberano y del riesgo país.

➔ Rapidez, porque el trabajo que antes llevaba horas ahora se realiza en minutos.
➔ Alcance, porque los equipos pequeños disponen ahora del tiempo y las herramientas necesarias para llevar a cabo sus propias evaluaciones sobre un mayor número de riesgos y con mayor profundidad.
➔ Preparación, porque es posible simular el impacto de una crisis y las diferentes respuestas a la misma antes de que se produzca, lo que permite a un país adaptar sus políticas más rápidamente y estar mejor preparado.

SovTech: creada en pro del bien común

El nombre recuerda a «GovTech» para la administración pública, «RegTech» para el cumplimiento normativo y «SupTech» para la supervisión financiera. La diferencia radica en a quién va dirigido. La mayoría de las herramientas de riesgo soberano que se desarrollan hoy en día las crea el mercado y están pensadas para el mercado: son propietarias, están aisladas y tienen un precio al alcance de las instituciones que pueden pagarlas. Los ministerios y las oficinas de deuda cuyas cifras se analizan rara vez son los usuarios, ya que no hay rentabilidad comercial en desarrollar estas herramientas para ellos.

Por eso se está desarrollando SovTech como una infraestructura compartida y validada para el bien público. Las herramientas principales son de código abierto y están financiadas con fondos filantrópicos, con estándares y un vocabulario comunes, para que cualquier gobierno o equipo de gestión de la deuda pueda utilizarlas y desarrollarlas. No todas las herramientas de esta categoría serán de código abierto, pero todas muestran su funcionamiento, de modo que se puedan verificar y que los acreedores y los deudores puedan debatir los supuestos, sin perder tiempo en armonizar los mecanismos subyacentes.

Uganda se pregunta qué inversiones podrían amortiguar la próxima crisis

Uganda ilustra una de las formas en que esa brecha se manifiesta desde el punto de vista ministerial. La agricultura es el motor de la economía ugandesa. Da empleo a cerca del 70 % de la población activa y se basa principalmente en el cultivo de secano. En 2017, una grave sequía redujo el crecimiento en 1,5 puntos porcentuales por debajo de las previsiones, afectó a 1,3 millones de ugandeses y provocó un gasto imprevisto para hacer frente a la catástrofe, una fuerte caída de la producción agrícola y un déficit en los ingresos nacionales. Tal y como señala el Ministerio de Hacienda, Planificación y Desarrollo Económico en su informe provisional, lo que antes eran crisis puntuales se está convirtiendo en una característica estructural de la economía.

A medida que aumenta el riesgo evaluado, los costes de financiación se encarecen y el margen de maniobra fiscal se reduce. Esto significa que el momento en que un país más necesita invertir en adaptación y resiliencia es también el momento en que sus condiciones de financiación se vuelven más restrictivas, lo cual se debe en gran medida a un sesgo de medición en los modelos. Las evaluaciones del riesgo soberano han mejorado a la hora de valorar los daños, ya que estos pueden expresarse como una estadística. Los beneficios de las medidas de resiliencia son más difíciles de cuantificar, por lo que rara vez se tienen en cuenta en las proyecciones que determinan la solvencia crediticia. El gasto en resiliencia resulta más difícil de justificar, y el resultado es una inversión insuficiente persistente.

Por ello, el Ministerio se preguntó qué proyectos de su Cuarto Plan Nacional de Desarrollo podrían proteger el crecimiento y los ingresos, reducir el coste fiscal de las catástrofes y reforzar la sostenibilidad de la deuda. En colaboración con NatureFinance, Systemiq, la LSE y Teal Insights, relacionó las intervenciones de resiliencia —como el riego, la restauración del suelo y la agrosilvicultura— con sus efectos sobre la producción agrícola, las exportaciones y los ingresos. A continuación, tradujo esos efectos en las trayectorias de crecimiento y deuda que ya utilizan los análisis de sostenibilidad de la deuda y los modelos de calificación. 

Las conclusiones preliminares del Ministerio indican que una sequía grave puede reducir el PIB de Uganda en torno a un 4 %. Sin embargo, con la aplicación de las medidas de adaptación y resiliencia previstas, se protegen al menos 0,76 puntos porcentuales del PIB en un año de condiciones climáticas extremas, y el valor actual de la deuda pública se sitúa entre 1,1 y 1,2 puntos porcentuales del PIB por debajo de lo que sería en una trayectoria sin medidas de mitigación. En este caso, los datos mostraron resultados positivos de las inversiones en resiliencia, pero puede que no siempre sea así. Estas herramientas están diseñadas para evaluar, no para dar nada por sentado. Permiten a un país comprobar si una inversión concreta en resiliencia mejora su trayectoria de deuda o aumenta la carga financiera, y muestran el resultado en las cifras que sus prestamistas ya interpretan. Algunas inversiones superarán esa prueba y otras no; además, los proyectos mal diseñados o mal financiados pueden seguir generando vulnerabilidades fiscales.

Uganda ya lo ha hecho una vez, con el respaldo de cuatro instituciones. Se está trabajando para vincular los resultados a una versión codificada del marco de deuda, lo que significa que el Ministerio no tendrá que empezar desde cero cuando cambien las previsiones o se tome la próxima decisión de financiación. Otros ministerios querrán plantearse la misma cuestión con respecto a sus propias cifras. Para eso se están desarrollando las primeras herramientas de SovTech: eliminar el trabajo repetitivo para permitir un análisis más profundo y amplio, mejorando así la preparación del país.

La primera herramienta de SovTech: un prototipo inicial del Marco de Sostenibilidad de la Deuda de los Países de Bajos Ingresos

Esa primera herramienta parte de la evaluación más importante para el acceso a la financiación de un país de bajos ingresos. Se trata del análisis de sostenibilidad de la deuda que el FMI y el Banco Mundial llevan a cabo en el marco del Marco de Sostenibilidad de la Deuda de los Países de Bajos Ingresos (LIC-DSF). El análisis se presenta en una plantilla de Excel que, versión tras versión, ha ido creciendo hasta alcanzar las 199 437 celdas con fórmulas repartidas en 86 hojas, lo que la convierte en un documento complejo, que requiere muchos recursos y que, a menudo, resulta inaccesible para los ministerios de Hacienda. Esto limita la capacidad de un país para simular escenarios, recabar datos que respalden una política o una estrategia de endeudamiento, y situarse en pie de igualdad a la hora de decidir cuánto puede pedir prestado y a qué coste.

Teal Insights, por encargo de NatureFinance, ha desarrollado una versión preliminar de la herramienta de escenarios LIC-DSF para ayudar a los economistas a dedicar menos tiempo a preparar comparativas de deuda y más tiempo a sopesar las opciones de política. Partiendo de evaluaciones de deuda ya existentes, permite a los economistas analizar cómo diferentes hipótesis macroeconómicas y de financiación modifican las perspectivas de la deuda. Los economistas también pueden utilizar hipótesis procedentes de modelos de resiliencia climática y natural para evaluar cómo los costes, la financiación y los beneficios económicos esperados de una inversión afectan a la sostenibilidad de la deuda.

Teal Insights está perfeccionando la herramienta mediante un proceso de diseño conjunto con el Ministerio de Hacienda de Uganda y el equipo de modelización de la LSE, lo que incluye trabajos para vincular la modelización de la resiliencia con el análisis de escenarios. El desarrollo incluye la comprobación de los cálculos con la plantilla oficial de Excel del FMI y el Banco Mundial. Su código abierto permite verificar y validar los resultados, y ofrece a otros ministerios, investigadores y empresas una base que pueden adaptar y ampliar. El objetivo es convertir una mayor parte del trabajo especializado actual en análisis que los ministerios puedan repetir y que otros países puedan utilizar.

Un campo, no un producto

Nada de esto está terminado. Lo que suceda a continuación depende menos de NatureFinance que de las personas que utilizarán el resultado: las oficinas de deuda que quieran participar en el diseño de la próxima herramienta, los analistas del FMI, el Banco Mundial y las agencias de calificación que puedan indicar qué les permitiría confiar en ella, los inversores que puedan señalar qué falta, y los financiadores de bienes públicos dispuestos a respaldar directamente a quienes desarrollan estas herramientas.

El papel de NatureFinance en SovTech es catalizador: define el sector y contribuye a financiar sus herramientas fundamentales, creadas para el bien público. Los riesgos se multiplican, las obligaciones aumentan y las interdependencias entre ambos son cada vez más difíciles de detectar. Un análisis que se adapte a unas realidades nuevas y en constante cambio exige una innovación continua. SovTech existe para que prestatarios y prestamistas puedan hacer más, y hacerlo basándose en los mismos datos.

NatureFinance organizará una sesión sobre SovTech en Bangkok el jueves 15 de octubre, durante las reuniones anuales del FMI y el Banco Mundial. Si estás allí, acércate a hablar con las personas que están desarrollando estas herramientas. Si no vas a asistir, pero trabajas en una oficina de deuda, en una entidad crediticia o en una agencia de calificación, o si te dedicas a la financiación de bienes públicos, ponte en contacto con nosotros en contact@naturefinance.net.

Arend Kulenkampff, responsable de financiación innovadora, NatureFinance

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