Inversión en infraestructuras relacionadas con el agua y dependientes de ella: riesgos, consideraciones y oportunidades

21 de julio de 2026

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Un nuevo informe elaborado por NatureFinance y el Private Infrastructure Development Group pone de manifiesto por qué invertir en infraestructuras relacionadas con el agua requiere algo más que evaluar el propio activo. También implica comprender, valorar y gestionar los sistemas naturales de los que depende su rendimiento.

El mundo ha entrado en lo que las Naciones Unidas describen como una era de «quiebra hídrica» global, en la que muchas cuencas fluviales y acuíferos ya no pueden volver a los niveles históricos. 

El entorno en el que se construyó la infraestructura hidrológica está cambiando rápidamente. Las fuentes de agua que antes eran fiables se están agotando, las inundaciones y las sequías son cada vez más intensas, y los sistemas naturales que almacenan y depuran el agua se encuentran sometidos a una gran presión. Para los promotores e inversores, esto se ha convertido ahora en un problema financiero, no solo medioambiental.

El informe analiza cómo el riesgo hídrico puede influir en el rendimiento de las infraestructuras, la resiliencia y los resultados de las inversiones, basándose en tres ejemplos reales de África y Asia. Xuan Mai, en Vietnam, tuvo que abandonar un sistema de abastecimiento de agua subterránea después de que, tras años de sobreexplotación, esta quedara contaminada con arsénico. Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, estuvo a punto de quedarse sin agua por completo después de que una sequía pusiera de manifiesto hasta qué punto sus embalses dependían de una cuenca hidrográfica aguas arriba que no había recibido mantenimiento. Wuhan, en China, perdió tantos lagos y humedales a causa del desarrollo urbanístico que ya no le quedaba ningún lugar por donde pudieran discurrir las aguas de las crecidas.

En los tres casos, el bajo rendimiento de las infraestructuras se debió no solo a deficiencias de ingeniería, sino también a cambios en los sistemas hídricos naturales de los que dependían dichos activos. Este patrón pone de manifiesto por qué es necesario tener en cuenta esas dependencias a la hora de evaluar, estructurar y financiar las infraestructuras relacionadas con el agua.

Principales conclusiones

1. Las infraestructuras grises y verdes rara vez se evalúan como un único sistema. El coste de un humedal o una cuenca hidrográfica que protege un proyecto suele calcularse por separado, lo que da la impresión de que se trata de un complemento, en lugar de —en muchos casos— la forma más económica de proporcionar la misma protección.

2. Cuando los sistemas naturales se tratan como externalidades fijas, el riesgo recae por defecto sobre el proyecto y no se le asigna un precio. Los acuerdos rara vez especifican quién asume el coste si cambian las condiciones del terreno o del agua circundantes. Cuando ese riesgo no se asigna a nadie, recae sobre el proyecto y rara vez se le asigna un precio.

3. Rara vez se destina financiación al mantenimiento de los sistemas naturales. Ciudad del Cabo constituye una excepción notable, ya que cuenta con financiación específica para la restauración de las cuencas hidrográficas. La mayoría de los proyectos dan por sentado que los ecosistemas seguirán prestando servicios esenciales sin que nadie tenga que pagar por su mantenimiento.

4. Todavía no existe un mercado de seguros accesible para los riesgos a gran escala relacionados con los ecosistemas acuáticos. Los riesgos de sequía y contaminación no se pueden transferir de forma habitual, por lo que las pérdidas siguen figurando en los balances de los proyectos y, a menudo, acaban recayendo en el sector público.

Por qué es importante

Detrás de estas cuatro conclusiones se esconde el mismo problema estructural: la protección de una red de abastecimiento de agua suele servir para evitar pérdidas futuras, más que para generar ingresos directos. El valor creado puede ser considerable, pero no produce automáticamente el efectivo necesario para amortizar un préstamo o ofrecer una rentabilidad a los inversores.

Por lo tanto, la tarea consiste en incorporar el valor total de la protección de los ecosistemas en la evaluación de las inversiones y desarrollar modelos de financiación que conviertan las pérdidas evitadas en ingresos contratables. A medida que aumenta la demanda de agua y los ecosistemas se ven sometidos a una presión cada vez mayor, la protección de los sistemas naturales de los que dependen las infraestructuras ya no es solo una cuestión medioambiental. Es fundamental para construir inversiones y economías resilientes.

Mirando hacia el futuro

El informe presenta un marco práctico de toma de decisiones en siete pasos destinado a ayudar a los promotores e inversores a ir más allá de la mera identificación del riesgo hídrico e integrarlo en la evaluación de proyectos, la fijación de precios, las estructuras de financiación, las condiciones de los acuerdos y la gestión a lo largo del ciclo de vida. 

El siguiente paso es convertir esto en una práctica habitual en todas las inversiones en infraestructuras.

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